Acostumbrado al fin del mundo

En el fin del mundo reina la injusticia. No trato de solucionarla, prefiero intentar que juegue a mi favor.

Grietas en el muro de la rutina

Comparto con ustedes un fragmento de la charla que tuve la noche del sábado pasado con una (para variar) mujer hermosa. Quiero agradecer a mi libretita nueva que me permitió anotar esto antes de que se me olvidara, mientras volvía a casa en el bondi, y por supuesto, a la dama en cuestión.

-Lo que importa es ser feliz –le dije.

-De a ratos –me respondió –Nadie es feliz todo el tiempo.

-Bueno, sí, a eso me refiero –respiré profundo, me inspiré un poco y dije –la vida es un muro de amargura con grietas de felicidad. Vivir con énfasis es buscar esas grietas, no solo conformarse con el muro, con lo inevitable. Vos y yo somos distintos el uno del otro, y por eso yo entro en grietas en las que vos no entrarías nunca, y vos entras en grietas en las que yo no puedo entrar (“un baño de mujeres” pensé, pero no lo dije). Sin embargo, hay otras grietas en las que entramos juntos –entonces tomé mi vaso de Jack y le dije mostrándoselo –esto es una grieta –señalo con el vaso a la noche en general y sigo –esto es una grieta –la miro para comprobar una vez más lo hermosa que es y le confirmo –vos los sos. Disculpame que te trate de grieta, pero sos una en el muro de la amargura diaria que nos rodea.

Mientras volvía de aquella noche y anotaba esto en mi libreta de Hemingway (es azul, como las que él usaba para anotar ideas, algo casual porque me enteré de eso luego de comprarla), en el viaje pensaba un poco en esto. Toda mujer hermosa es una grieta de felicidad en un muro de amargura, soledad y silencio. Me parecía oportuno publicar esto luego del Ensayo sobre la Belleza, así no tengo que aclarar lo que significa belleza para mí.

Por supuesto, yo soy también vuestra grieta, pueden pasar por mí cuando gusten las veces que quieran. Sería un abuso, pero de vez en cuando me gusta que abusen de mí otras grietas que no sean yo.

Opiobook: Acostumbrado al fin del mundo

vict0rie preguntó: Buenas noches. Pasaba a saludar ya que al ser yorugua también me resulto feo para conmigo misma darte follow y quedarme ahí lo más parecido a una stalker. Preferí saludar y ser admiradora putonisa de estreno (porque me divierte y me encanta como y sobre lo que escribís). Me gustaría saber tu nombre; X o Y, el que prefieras. Porque soy muy curiosa cuando algo me llama la atención y porque son más personales que los apodos como "acostumbrado". Que descanses, abrazo!

Palabras que me honran. Eres muy amable, no en el sentido de amabilidad, sino en el sentido de ser amada. Bienvenida a esta zona libre de buenas costumbres.
Te diré mi nombre por privado (no puedo enviarte un mensaje a tu tumblr, probá enviarme uno vos y te respondo), me gusta decidir a quién le revelo datos como esos sin importar que sean pequeños o grandes.
Usualmente te la complicaría, mi nombre a cambio de una botella de Jack Daniel’s o de tu desnudez al alcance de mi (gesto obsceno) mano, pero eres la primera persona que usa este mecanismo para preguntar, te ganaste mi benevolencia por hacerme perder esta sutil virginidad.
El abrazo que me dejaste es bienvenido, te dejo otro más o menos del mismo tamaño.

Ensayo sobre la belleza

Caminaba por Luis Alberto de Herrera, hacia el sur (solo por esa noche aprendí los puntos cardinales). Era la medianoche de un miércoles, iba a encontrarme con una señorita con la que había salido solo una vez, y en un segundo de absurda y obsoleta lucidez, me pregunté: Pero ¿Qué carajo estoy haciendo a esta hora en la loma del ojete un miércoles?

Me respondí: porque es hermosa.

Noté que soy adicto a la belleza en cualquiera de sus formas (también al opiobook pero ese es otro tema). Porque cuando digo hermosa, para empezar digo que no es imbécil, que no tiene faltas ortográficas o que no me habla del clima aunque pasamos un poquito de frío esa noche, que en dos días no se comporta como si fuéramos novios desde hace seis meses o que se acordó de madurar a tiempo y no actúa como si tuviera 16 años. Sin ofender a aquellas que tienen 16 años y que cuando tengan 18 ya pueden visitarme en mi oficina; ya que comportarse como si tuvieras 16 años cuando tenés 16 años está bien, no hay nada de malo, el problema es cuando pasaste los veinte y la cosa sigue estancada en tu adolescencia, convertida ahora en adultolescencia (tengo que publicar un diccionario urgente).

Me refiero a que hermosa en mi vocabulario no significa solo físicamente, y cuando digo belleza no me refiero solo a una mujer.

Belleza es también un whisky, la madrugada, una buena borrachera, belleza es sexo, el brillo de las pieles codiciadas, poesía sin pedorradas. Leer es belleza, y escribir también lo es. El arte y la puta que los parió.

Y aquella noche encontré algunas de esas cosas, sobre todo whisky y borrachera. En un momento de la noche le pregunté, mirándola fijamente a sus ojos de demonio: ¿Por qué la vida no es esto? Y ella me respondió con su mirada demoníaca pero con su voz angelical, sacándome de mi torpe error: esto es la vida.

Entonces noté que la forma que tiene mi felicidad está dibujada en la silueta de la noche, en una mujer hermosa, en un vaso de Jack, en un libro, en cada post, en mis amistades, en las mujeres que me agarraron y me cogieron como si fuera el último hombre de la puta tierra… belleza es mi Musa con insomnio leyendo en su cama los mensajes que le envío y que guarda, escondida entre las sábanas como el único habitante vivo en esa ventana de luz que la pantalla de su teléfono proyecta en las sombras. Belleza no es, por ejemplo, ese amigo que me encontré y me dijo que se casa. Eso no es belleza, eso es un asco.

¿Me estás jodiendo hijo de una nave interestelar llena de clones de tu madre que es puta como la concha de tu hermana?

Todo esto se lo comentaba a mi niña mimada, mi hermosa Juvia, la memorable Porque Sí, como a las cinco de la mañana y en pedo, en un sms (te lo advertí, maldita, te dije que sería un futuro post, quién sabe cuándo, hace miles de años). Y le dije: Hoy decidí que luego de ese matrimonio ya no será más mi amigo.

Por un lado tengo una señorita que me dice que es sorprendente como pasan las horas conmigo, cuando ella usualmente no pasa de la hora y media; y por otro tengo a este tipo que me dice que se casa.

Iré a su fiesta de casamiento porque es una fiesta. Como quién va a un funeral (no es que no crea en el amor: no creo en su novia, que si tuviera alas no sería un ángel sino una arpía). Le daré mi pésame camuflado mientras bailo, vomito a su primo o algo por el estilo y listo. Fue hermoso mientras duró.

Mientras tanto seguiré saliendo con mujeres hermosas siempre que aún se me pare, y cuando no, seguiré igual porque la ciencia todo lo soluciona menos la idiotez, la muerte y la pobreza.

Seguiré coqueteando con la belleza, adicto a ella hasta el final, que será nunca, que será siempre.

Opiobook: Acostumbrado al fin del mundo

Analizando una publicidad de arroz que parece hecha por mí

(Viene con manual: Vean el video primero, dura 1:06, y luego lean el post)

http://www.youtube.com/watch?v=tAERFDI4K6E

Tenemos en un minuto un resumen de filosofía y mandamientos mundifinistas. Esta publicidad parece ser el equivalente a lo que fue la alegoría de la caverna para Platón.

Yo lo haría de otra manera esto, menos pedorro, con sangre tipo Tarantino y vísceras de imbéciles esparcidas por todo el lugar, pero me gustó la idea: señora, señor, la que elige es ella, y si pensaste que elegiste vos es porque ella te hizo creer eso, pelotudo.

También se nota (por favor, fíjense con atención) el instinto gay del hombre, a lo que le sumamos lo cagón y cobarde de este (mi) genero. Cuando el señor le dice a la señorita que “está fuerte”, lo hace cuando ella está de espaldas (cagón). Si la mirara a los ojos cuando lo dice, podría quedar como un idiota igual, pero contaría con la siguiente virtud: se hace cargo de lo que dice ante quien lo dice. Pero nop, esa es la cobardía que nace en los idiotas que le gritan grandes creaciones filosóficas y literarias por la calle a cuanta dama con culo y tetas pase por ahí (no saben si tienen rostro esas damas, los ojos de los imbéciles nunca suben más allá de los hombros). Se escudan en la lejanía, el anonimato (:P) y la ventaja de la mayoría: están con sus amigotes, con su manada de simios cavernícolas, haciendo sonidos guturales con sus bocas y pensando firmemente, muy convencidos, que eso es hablar, e incluso algunos piensan que hablar es pensar. Y solo hacen ruido con sus bocas, que sale en forma de palabras.

Noten también el hecho de que ella les dice algo sobre la comida, de forma atenta, amable y desinteresada. En esta historia, ella es un caballero. Pero los estúpidos de siempre piensan que porque ella sonríe y es amable entonces ya tienen permiso a meterse en su vida, atravesándole un piropo que sin ser grosero (creo que como es una publicidad tenían que ser mesurados), es tan elemental que si pudiera ser más básico sería un simple organismo unicelular. “Obviamente está interesada en alguno” piensan, preferentemente interesada en a quién miró cuando lo dijo, porque el estúpido no concibe ser galante sin un interés sexual detrás. Un piropo es una inversión para coger luego, de lo contrario es una pérdida de tiempo. Por lo tanto, así ve el mundo. Si los otros actúan de una forma, el boludo interpreta según cómo actuaría él en su lugar, en este caso, para violar cuanto antes a la señorita.

Y cuando en esta historia el tipo actúa como actúa, noten que lo primero que hace es mirar a sus amigotes y sonreír (con esa sonrisa que caracteriza a los idiotas) ¿saben por qué? Porque no le importa en realidad la señorita, sino seducir a sus amigos (instinto gay, ya escribí sobre esto en “El hombre es más puto de lo que cree”), dejar en claro que él dijo algo antes que todos los demás, que él es el macho alfa, y por eso la cara de sorpresa y de miedo cuando ella se da vuelta: ella en realidad no cuenta en la ecuación de seducir a otros hombres que en este caso son sus amigotes, es solo (como siempre, desde el inicio de la historia del machismo/digo humanidad) un objeto, un instrumento para conseguir otros fines que nada tienen que ver con la mujer, en este tipo de casos, agrandar el ego, la autoestima, el status, todo lo que habita en la poronga del señorito. Por esto mismo es que ni siquiera se dignó a mirarla a los ojos. Bueno… soy generoso, fue por esto mismo y por cagón. Da menos terror seducir a sus hombres, a su manada de lobos solitarios, que a una dama. Eso sí los aterroriza.

Hay otro mensaje en esta publicidad, que es falso: las mujeres siempre ganan. Siempre eligen, es cierto, pero hay tantos pelotudos que alguno pasa el filtro y ¡¡zas!!, perdimos mal. Me consta (ustedes me lo cuentan todos los días por mensaje privado) la cantidad de tarados que se morfan, boludos que esconden su idiotez tras su belleza exterior y por eso se tarda en descubrir la ausencia de sus cerebros o la inutilidad de sus neuronas.

Y no sé si el tipo que ella elige es un pelotudo más. Seguramente sí, y la señorita me debe estar escribiendo un mensaje privado en este momento de lo mal que le fue con un pibe que parecía ser el menos tarado de todos, pero tarado al fin (noten la camisa del elegido, similar al mantel que mi abuela tiene en la mesa de la cocina). Pero hay un mensaje esperanzador de que con (buena) suerte no todos sean iguales. Por esto último es que la mujer DEBE siempre elegir. Porque los hombres no por ser idiotas son indecisos (los indecisos son otro tema, otro post), los idiotas también toman decisiones. Mejor dejar elegir a ellas.

Señor: si ella te elige, tienes esperanzas de no ser un pelotudo (esperanza no es garantía, a no confundir, pero esperanza al fin). El resto a seguir laburando en sí mismos para dejar de ser imbéciles, y el elegido a ponerse a la altura de las circunstancias. Es decir: flaco, no la cagues, no seas (solo una) pija.

También hay otro mensaje final: coman arroz.

Opiobook: Acostumbrado al fin del mundo

Rara vez reblogueo algo. Esta vez es inevitable, es Baudelaire:

aleysuz:

Hay que estar ebrio siempre. Todo reside en eso: ésta es la única cuestión. Para no sentir el horrible peso del Tiempo que nos rompe las espaldas y nos hace inclinar hacia la tierra, hay que embriagarse sin descanso.

Pero, ¿de qué? De vino, de poesía o de virtud, como mejor les parezca. Pero…

hace 5 días - 4

La esclavirtud: la virtud de ser un esclavo. O también: El día que me desperté antes del mediodía

Un día, por razones infestas y nefastas, comencé el día a las 7 a.m. El horror.

Para algunas personas el simple hecho de que estés caminando por la calle a las 8 a.m. un día ubicado bien en el medio de la semana ya es símbolo más que suficiente de que sos una persona respetable. Por ejemplo: ese día me crucé con la madre de una ex saliente, que me odia profundamente. Con la hija todo bien, somos buenos amigos, pero la mamá me odia. No es conmigo la cosa: odia a todo el universo conocido. Es amarga por naturaleza, nació con jugo de limón por saliva y vinagre por flujo vaginal. Pues bien, fue verme a esa hora, a las ocho de la matina, y su amabilidad fue sorprendente (temible, diría también). Un clarísimo mensaje que decía: “muy bien atorrante, ahora sí, sos un hombre de bien. No es que me equivoqué, siempre fuiste un vago, solo que ahora no. Ahora me estás dando la razón. Muy bien”. Todo eso decía su despreciable cara.

Esclavirtud: la virtud de despertarse temprano.

Cuanto más gris sea el día, y más temprano sea, más respetable eres. Si llueve mejor; y ese día llovía, así que imaginaos mi grado de respetabilidad aquella mañana.

Como si no se pudiera ser un hijo de puta pelotudo a las 7 a.m. un miércoles de lluvia.

Yo lo soy. La amargura que tengo a esa hora solo me permite ser feliz luego de las 13hs más o menos. Por eso creo que uno de los piques de la vida para ser feliz es despertarse después del mediodía, porque también creo que si hay algo peor que fumarse el sol y los buenos días de la gente cuando uno vuelve a su casa luego de explotar la noche, es despertarse temprano y fumarse los buenos días cuando aún es de noche.

Los buenos días son cada vez menos bienvenidos.

Cuando despierto antes de que amanezca, siento esa terrible sensación de soledad; tengo la idea de que soy el único pelotudo despierto a esa hora en todo el vaginal y conchudo planeta, la hora en la que nadie parece estar con los ojos abiertos excepto yo, cuando el buen humor es un cuento de hadas, cuando el sol aún es una promesa (ni siquiera de las mejores), cuando tus sueños te piden que te quedes y el despertador te grita que es tiempo de irte.

Esa hora en la que todo debería ser cualquier cosa menos eso.

Peor que las cinco en sombra de la tarde.

Una vez, volvía de la joda del viernes, así que técnicamente era sábado a las 7 a.m. Faltando unas cuadras para llegar a casa, veo a una vecina (hermosa vecinita) que viene en dirección opuesta. Se acerca para saludarme, y mirando a su alrededor dice “somos los únicos”. Uno miraba el mundo y parecía que no hubiera nadie vivo excepto nosotros; yo volviendo y ella saliendo. Sin embargo yo no sentía eso, lo noté cuando me lo dijo. Pero ella sí, porque la soledad es cuando son las 7 a.m. y vos te despertás, no cuando son las 7 a.m. y uno va camino a dormir. Aunque sea la misma hora del mismo día, para ella eran las siete de la mañana de un sábado de mierda y para mí las siete de la mañana de la noche de un viernes genial. Sospecho una  soledad innata a la que es condenado todo aquél que deba abrir los ojos antes del mediodía.

Bukowski me dijo una noche de copas que nadie puede ser feliz despertándose todos los días a las 7 a.m., y yo le creí.

Por eso pienso también que el día de los difuntos conmemora el día de aquellos que madrugan. A esa hora nadie está vivo, todos somos zombies, lo he visto. Algunos persisten en seguir zombies luego del mediodía: los idiotas. Y por culpa de eso, entre otras cosas, vivimos en pleno apocalipsis zombie: Por madrugar.

Un mundo feliz seguro sería un mundo en el que todos despertaran con el sol ya bien en lo alto, sin vecinos que martillen a las nueve de la mañana, que taladren, o que te corten el pasto, todo un día domingo cuando hace un par de horas que te acostaste porque en lugar de dormir el sábado decidiste ser feliz un rato, no optaste por levantarte tempranito el domingo para hacer cosas útiles para el hogar. Me cago en la utilidad que hipoteca mi felicidad contemporánea. Me cago, en la mía y en la del vecino que no me deja dormir. Sobre todo en la del vecino.

La mierda que apesta el mundo en parte existe porque la gente madruga. No puede nunca existir un mundo medianamente feliz habitado por gente que se despierta antes del mediodía. Estamos condenados al mal humor.

Entonces uno se despierta antes del mediodía, camina por el mundo, y el mundo antes del mediodía te reconoce como un igual: en el ómnibus, en la calle, en la panadería, desconocidos todos, pero colegas del sufrir, te reconocen como un compañero en el dolor de estar despierto a esa hora. Todos tiramos para el mismo lado, bien vos, bien nosotros. Tampoco te van a sonreír, sería absurdo que a alguien se le ocurriese ser feliz a esa hora. Sin embargo yo los miro con asco, les encanta su hora tempranera, su frío, su poco sueño, el sufrimiento en general.

A mí no.

Por eso no me gusta que me vean como a un igual. Los desprecio. A mí me gusta buscar las formas que me hagan la vida lo más fácil posible. A ellos les encanta sufrir y complicarse. Entienden que si no la luchan, la sufren, la pelean, no están viviendo, están perdiendo el tiempo.

Yo solo quiero dinero y tiempo libre, para poder decidir en qué usar y aprovechar ese tiempo que es mi vida, en lugar de lucharlo, pelearlo y sufrirlo.

Una vez que quedé sin laburo, alguien me dijo como consuelo “no te preocupes, ya vas a conseguir otra cosa”. ¿Me estás jodiendo? ¿ese es tu deseo, condenarme a trabajar? ¿por qué carajo no me deseó ganar la lotería ocho veces seguidas, yo solo? ¿quién le informó que me gusta trabajar? ¿acaso a alguien le gusta trabajar de lo que no le gusta? Si puedo tener la plata directamente (sin quebrantar la ley, ya bastante lo hice toqueteando menores de 18 y mayores de 16 para que no se escandalicen tanto), ¿para qué carajo quiero madrugar y estar metido ocho horas en cualquier cosa con una hora de descanso en el medio con el único fin de ganar plata para vivir? Dame derecho la plata y me dedico a trabajar con otros fines que no sean el dinero en sí, sino el arte que es lo que me apasiona. Me paso finalmente toda mi vida escribiendo, sacando fotos, música hasta el infinito, coger y amar, tiempo con amistades y no con público en general, jefes, subordinados y compañeros de esclavirtud (no confundir con esclavitud, que es trabajar por nada, esto es esclavirtud: la virtud de trabajar por dinero, la virtud de madrugar, de sufrir por un futuro, funciona también para los que estudian toda su vida, cortesía del diccionario mundifinista) en lugar de tener que perder el tiempo la mitad del día todos los días haciendo otra cosa para poder seguir vivo un rato más para al final, por allá por ese rincón que te queda en tu tiempo libre, dedicarte finalmente a lo que te hace feliz.

Soy espantoso matemáticamente, pero haré el intento: si de 7 días a la semana tenés uno y medio libre, según mis cálculos, viviendo 70 años, 14 serían tus años libres. Y si le agregamos un mes de licencia por año, viviste 19 años, el resto de tus 51 años de vida los pasaste en el laburo. No tengo que ser bueno en matemáticas esta vez para notar que el tiempo que tengo para ser libre es menos de la mitad de mi vida, bastante menos (por favor, apelo a cualquiera de vosotras que tenga más noción de números para corregir esto si lo que digo está mal calculado).

Esclavirtud.

Ok, seamos generosos y sumémosle diez o quince años ya jubilado. Llegamos a un óptimo 34, casi casi la mitad. Solo que me recontra cago en los últimos quince años de mi vida, porque los mejores son los pimeros 25 años de vida, un poco más si el concepto es mientras se te pare la poronga. Descontemos lo que no es vivir: días enteros haciendo trámites, enfermos, accidentados, en velorios o lo que es peor: en cumpleaños aburridos. Ya es más difícil sacar un cálculo con esto pero basta saber conque resta libertad y suma esclavirtud.

Esclavirtud.

Pero cuidado, a no confundir con que me gusta hacer todo a la ligera y que nada me la complique. Cuando escribo, por ejemplo, no vomito todo de un tirón y publico.

Jamás.

Laburo cada cosa, la leo varias veces, le agrego, le quito, puedo estar una hora o más con algo que tenga tres párrafos. Pero ese fruto de ese trabajo es una cosa, el otro, es reventarse para conseguir plata que a su vez te conseguirá otras cosas. Demasiados intermediarios para mi gusto.

No veo mal que un arquitecto esté años laburando su proyecto, es lo suyo, es lo que le gusta y lo que quiere. (ADVERTENCIA DE CASO REAL) Lo que aborrezco hasta el hartazgo es que una psicóloga termine trabajando como reponedora en un súper porque no encuentra laburo en su rubro (pero gracias a Dios que trabaja: eslcavirtud). Ese tipo de trabajo fuera de contexto es lo que considero una pérdida de tiempo peor que estar mirando el techo todo el día. Un desperdicio de años de estudio que le quitaron vida a esa persona que al final no puede trabajar de lo que estudió (no digo de lo que le gusta porque eso ya es mucha suerte). Más o menos le pasa lo mismo a miles de personas en España en este momento en el rubro del periodismo. Lean un poco y confirmarán el quilombo que hay de gente que no puede trabajar en un programa deportivo en televisión o radio, o ni siquiera publicar en medios escritos del rubro, luego de haber estudiado años comunicación, porque en su lugar hay un ex jugador de fútbol que cobra el doble o más que cualquier periodista capacitado para eso (los periodistas ineptos son otro tema, y de eso en Uruguay y Argentina hay de sobra).

Esclavirtud.

Por eso odio la mañana y a los seres que la habitan. No me miren como un igual. Ustedes están muertos de sueño, y muertos de sueños. Estoy despierto a esta hora por culpa de ustedes. Si todos nos despertáramos luego del mediodía no tendría sentido madrugar porque sería lo mismo que abrir una mueblería  de tres a cinco de la mañana.

Si el mundo fuera dominado por vagos, sería un caos, un (otro) apocalipsis, otra muerte llamada vida… pero dormiríamos hasta el mediodía (pasando el), al menos todas las madrugadas serían nuestras.

Igual esto es una simple constancia, no una carta de quejas. Solo quiero dejar constancia que no vivo engañado en la falsa (escla)virtud de abrir los ojos cuando aún no salió el sol. Notifico que estoy enterado que la mierda es una mierda, y que por lo tanto me importa una mierda la mierda porque sigo saliendo de joda, cogiendo, amando, escribiendo, viviendo con énfasis y no con sueño, a pesar de todo esto.

La salida a este laberinto es multiplicar el poco tiempo que tenemos cuando no trabajamos. Hacer que una noche sean muchas noches, todas las noches posibles. Que ese vaso de Jack sea el mejor de todos, ahora y siempre. Que la hora se olvide de nosotros porque ya no nos preocupamos por ella. Que besemos la madrugada en los labios de la belleza, nos bañemos en los ojos de ese bombón a punto de ser comido, saboreando cada segundo el chocolate de su alma que besaremos, morderemos y chuparemos con deleite, nuestro y del bombón.

Besar y ser besado. Chupar y ser chupado. Coger, reír, gritar, bailar y cantar sin ser un hippie pelotudo, tampoco exageren no sean conchudas.

Trabajar trabaja cualquiera, pero no cualquiera es feliz.

La salida al laberinto de la esclavirtud es una sonrisa, es sus ojos claros, su voz de seda, el exceso para equilibrar la mesura rutinaria.
Si un viernes y/o un sábado chupamos whisky por toda la semana junta, entonces vale como si hubiéramos estado en pedo siete días.
Lo mismo vale para coger, y para eso me ofrezco, saben que cualquier cosa que precisen, hermosas y no-vírgenes damiselas, cuentan conmigo (gesto obsceno).

Opiobook: Acostumbrado al fin del mundo

Fragmento de una carta que escribí, esta vez disfrazada de mensaje privado

 (imaginaos a la señorita a quién se dirigen estas palabras, con voz de ángel y ojos de demonio, lo que en este caso es sinónimo de belleza, gracias)

Vengo leyendo su libro, que aún no está ni en la mitad, y leí una cosa más de él, antes de salir por primera vez a ese lugar horrible que se llama la vida normal, la de la rutina, la del tedio, la que existe antes del mediodía.

Podría escribir mucho más que todo esto pero ya me entendió la idea, esto en sí mismo es un post que se lo regalo, y ese “mucho más” serán los post correspondientes.

No me solucionó la vida leerla, ni tampoco me cambió el ánimo ni el humor. Me seguí sintiendo solo, enojado, alienado y habitante en un mundo tenebroso que desprecio desde siempre.

Sin embargo, note la diferencia, le aseguro que es abismal. Le muestro textualmente ambas posibilidades existenciales para que le sea absolutamente evidente y no le quede lugar a dudas:

1: “Me seguí sintiendo solo, enojado, alienado y habitante en un mundo tenebroso que desprecio desde siempre.”

2: “Me seguí sintiendo solo, enojado, alienado y habitante en un mundo tenebroso que desprecio desde siempre, pero usted estaba ahí”.

Es la segunda vez que le digo esto a alguien, no fue a mi mejor amiga, ni a alguien que amé, ni a alguien con quién garché, simplemente fue otro alguien, y ahora lo es usted: Hay un mundo exactamente igual sin usted, y otro con usted.

No existe ninguna otra diferencia en él que no sea solo eso: usted está en uno de ellos. El resto es todo igual.

Yo elijo ese mundo en el que usted está.

(esto lo escribí anoche, y les juro, y me toco la poronga cuando juro porque bien saben que la mía es sagrada, que no sabía ni por asomo que hoy era su cumpleaños; siempre tan oportuno, es por eso que soy tan deseable también: mi temible puntería para ser quirúrgicamente certero de puro ojete nomás)

Opiobook: Acostumbrado al fin del mundo

Soy perfecto (argumentos irrefutables)

Todas saben que soy perfecto, lo mejor que le pasó a la humanidad en siglos, y aparte soy vuestro Dios, y ustedes mis putonisas. Tuve que explicarle esto a una desconocida un viernes a la noche.

Una conocida me reconoció en la multitud (lo que sucede todas las noches, yo y mi fama) y se acercó a saludarme junto con su amiga. En las presentaciones se le explicó a la amiga que yo era Dios, y que era perfecto.

Eso lo dijo ella, yo solo me limité a decir “¿acaso no se me nota?”, y puse cara de Dios y sonrisa de perfecto.

La amiga no entendía mucho, por supuesto. Así que me preguntó cómo era eso. Si yo era Dios, ¿por qué, por ejemplo no sabía su nombre, o el futuro? Comenzó a preguntarme ese tipo de cosas.

Nunca deja de sorprenderme cómo cuando alguien saca el tema de mi Divinidad, no la niegan ni son indiferentes, en cambio se preocupan por investigar seriamente de qué va la cosa (“Divinidad” con mayúscula, ya que la divinidad con minúscula se refiere a mi belleza que es más obvia que la otra).

Comparto mi alocución con vosotras, para despejar no vuestras dudas, sino la de los idiotas, esos que no entienden como carajo soy perfecto si estoy lleno de narcisismo, pedantería, hipocresía y gestos obscenos.

Ser egocéntrico sin ser perfecto es una estupidez, de esos sobran en el mundo. Son esos mismos que me dicen:

-Te hace falta un poco de humildad.

Y yo les respondo:

-¿Vos sos humilde?

-Obvio

-Bien, porque la humildad está bien para los que tienen defectos. En mi caso no es necesaria.

Y es así como sumo enemigos: porque me gusta verle la cara a los pelotudos que creen que tienen una enciclopedia en su cabeza en lugar de aire.

Pongo un molino de papel en una de sus orejas y soplo por la otra, y el molino gira.

Disertación sobre el origen de mi perfección y mi Divinidad

Ella preguntó “pero ¿vos sos Dios o un dios de la vuelta?”

“No viene por ahí la cosa” respondí; “viene por acá” me sentí tentado a decir, acompañando todo del gesto obsceno correspondiente, pero no.

“Para ser perfecto y para ser un Dios hay dos caminos, ambos sirven tanto para lo primero como para lo segundo, y son igualmente irrefutables.

El primer camino es ser perfecto porque uno nació así, por naturaleza, por mérito propio, porque lo lleva en los genes. Lo mismo para Dios, es porque es, porque sí (hola Juvia!!), desde siempre y por siempre.

El segundo camino es ser perfecto por decisión propia, porque se te antoja, porque se te canta. Igualmente la Divinidad, otra vez porque sí, pero es otro “porque sí” en este caso, mas bien un capricho, no tanto un designio.

Soy un Dios porque se me antoja y perfecto porque se me canta. En cambio el resto de los hombres son imbéciles por mérito propio.”

Y fue en esa parte donde ambas no pudieron evitar reírse. El resto fue puro Jack Daniel’s de mi parte y fernet de la(s) otra(s).

Opiobook: Acostumbrado al fin del mundo

Comparto este mensaje en una botella para mi Musa, esos sms con forma de carta que buscan ser leídos, nunca respondidos (enviado mientras viajaba en ómnibus a la medianoche)

Rodeado, absolutamente rodeado de imbéciles. El mundo está inundado de estupidez, y desborda de tarados. Pero cuando siento eso, mi reventada Victoria, recuerdo la infamia de que tú existes, y respiro aliviado. No es joda, y lo sabes: vivimos el apocalipsis zombie. Todos hacen lo mismo, dicen lo mismo, respiran lo mismo,  babean y se creen únicos, mientras actúan escandalizados ante la palabra “moda” de la cual forman parte.

Actúan digo, porque es una actuación, son personajes, no hay nada debajo de la cáscara de sus personalidades. La cáscara de sus máscaras.

Jajaja!! Se me acaba de ocurrir una broma, un terrible juego al que solo tú y yo, Musa Vicky, podemos jugar con las marionetas que se llaman a sí mismas humanos: estamos afuera de ellos, ahí, burlándonos de la rutina que los mata y que los muere, de la ausencia de cerebros en sus pútridos cráneos, donde en lugar de ideas tienen gusanos, y entonces huyen de nosotros, insultándonos y acusándonos de lo que se avergüenzan que somos. Y se refugian, se esconden en su interior, se atrincheran para no escuchar nuestras insolentes e indiferentes carcajadas. Anidan para escaparse y quedarse solos ellos mismos.

Pero ese es el juego, my Victory: ellos no son nada, y cuando se esconden en su interior no logran encontrarse. El juego consiste en que no solo notan lo vacías que están sus vidas, las cáscaras de sus máscaras, sino que lo único que encuentran es aquello de lo que intentaban escapar: nosotros. Estábamos ahí afuera y ahora allí dentro. Son el instrumento perfecto para que resuene nuestra carcajada insolente e indiferente. El juego consiste en que en ese instante yo los señalo entre risas con la botella de Jack. Y tú, lúdicamente seductora, te acercas y les dices al oído con tu aliento lleno de alcohol: “te lo dijimos. No eres nada.”

Y brindamos.

Opiobook: Acostumbrado al fin del mundo

Exija calidad

En algún momento un montón de conocidas me decían que estaban enamoradas, “lo amo”, “me enamoré”, frases por el estilo, pero dichas en serio, con absoluta sinceridad y convencimiento de causa. No cuando uno tira eso como fruta, no no. Convencidas esas señoritas que estaban enamoradas, amor que por lo general les duraba una semana. Y no hace mucho un amigo me dijo exactamente esto por segunda vez: “me enamoré, pero en unos días se me pasa”. Me dio la sensación de que el amor era cada vez más frecuente y al mismo tiempo de una calidad más aberrante, o estamos todos locos. Sin embargo, tal vez no hay más gente que experimenta el amor, sino que los estándares para llamar a algo “amor” son cada vez menos exigentes. Por ejemplo, ya no corre ningún “para siempre” ni “hasta que la muerte nos separe” (gracias a los dioses). El peligro que implica esto (estándares bajos), es que nuestro amor está al alcance de los pelotudos cuanto más bajo son los filtros. Pasa cualquiera, la puta madre. Como me dijo Zygmunt Bauman una vez, bajar los estándares es “…la simplificación de las pruebas que esa experiencia debe superar para ser considerada como “amor”.”

”El amor apesta” me dijo una el otro día. Y yo casi estoy de acuerdo. Digo casi porque creo que hay tantos amores como personas vivas en el planeta, salvando algunas generalidades. Creo que el amor a cada persona le pega distinto, como cualquier droga, como cualquier borrachera. Verán, yo sé que no me van a creer pero, hay gente que todavía se casa. Porque cada uno pone los filtros que se le ocurren, los estándares que le apetecen. Simplificar o no esas pruebas para que en un juicio justo pueda uno llamar a esa cosa “amor” o no. Y por lo general es para llamarlo de cualquier otra forma que no sea la palabra “amor”.

En este último caso uno explica y desexplica sus relaciones y experiencias para llamarlas de cualquier forma menos “amor”. Debe ser (seguramente) porque le daría mucha más importancia a esa persona que a una chonga, pinte, cogiente o saliente. Y más importancia significa dedicarle más tiempo que el que le dedico a mi amigo Jack (Daniel’s).

No señor. De ninguna manera.

Otra cosa es esa especie de fobia que existe ante semejante palabra, creo más por culpa de los estúpidos y las experiencias infames que los pelotudos les hicieron vivir a más de una, las catástrofes provocadas por innumerables tarados que  pasaron por la vida de cuanta mujer se les cruzó por delante (como he dicho, el imbécil puede amar y ser amado, y aun así seguir siendo imbécil). Y el amor paga los platos rotos, en lugar de nosotros hacernos cargo del asunto (nuestros pobres estándares, nuestros bajos filtros), o hacerse cargo ellos por ser los hijos de puta que son.

No. La culpa no es ni tuya ni mía: es del amor. No estoy de acuerdo con eso, porque no somos ni ciegos ni sordos ni mudos y se supone que tampoco pelotudos. El amor lo es, según la leyenda, y justamente es por eso que nosotros debemos dotarle de ojos, boca, oídos, cerebro,  y por supuesto, vaginas y porongas.

¿Estar enamorado significa no ser responsable de nuestros actos y por eso no queremos amar, porque nos convertimos en zombies? Se parece mucho a los que no van presos porque están locos. ¿Somos inimputables por amar? No lo creo. Digo que el que se comporta como tarado cuando ama, ya era tarado de antes. Ya venía zombie de nacimiento.

Cada cual hace la suya, yo solo las exhorto (hermosa palabra junto con “escoger”) a que si aún tienen espacio para el amor en sus vidas, sus estándares y parámetros sean altos (pero nada de príncipes azules, medias naranjas, medias bergamotas o blancos con poronga de negros).

Si me voy a enamorar y terminar de novio (toco madera), esa novia tiene que pasar por unos cuantos filtros, de los cuales la belleza es el menor de ellos, y el amor solo un mal necesario. Cualquiera es linda hoy en día, la belleza abunda, lo que no abunda es el resto. No voy a revelar “el resto” acá. Depende de muchos factores. Solo digo que se me pongan exigentes si piensan disfrutar la vida con una persona sola (ojalá que no, por favor, vengan conmigo y dejen la eternidad para los inmortales, que jueguen otros al “para siempre”). Exigentes de verdad, porque cualquiera es lindo en estos tiempos y con eso no basta, porque cualquiera es tarado también. No evitemos las expectativas: vamos a exigirlas. Que quede claro que no queremos a nuestro lado a cualquier ameba.

Con el resto, basta con no comerse pelotudos e imbéciles y listo (suena tan fácil…).

Esto no significa que no le pongan intensidad a la cosa. No me aflojen: a coger como si fuera el último día de sus vidas. Porque en realidad no importa si aman o si no, lo que importa es que no dejen entrar a cualquier tarado en sus vidas. “Niño, para cruzar la puerta de mi vida necesitás neuronas, de lo contrario abstenerse”.

Yo busco novia, le dije a mi madre una vez, lo que pasa es que en el camino me cruzo con todas las demás.

Opiobook: Acostumbrado al fin del mundo